[RESEÑA] – «Dime cuando vienes. Cartas de amor, 1893-1917», editorial Banda Propia, 2020

Por Javiera Adones

“¿Sé yo misma lo que en verdad quiero?” R.L -1895

“Dime cuando vienes. Cartas de amor, 1893-1917” editado por Banda Propia es una recopilación de la correspondencia amorosa de Rosa Luxemburgo y prologado por Diamela Eltit. Un libro donde se muestra una faceta menos conocida de Rosa, y porque pese a que es la correspondencia amorosa que sostuvo con sus compañeros, no deja de presentarnos las intensas discusiones políticas que sostuvo con todos ellos y su activa vida política.

Pero partamos por lo primero, Rosa Luxemburgo nace en Polonia en 1871. Cuando niña a causa de una dolencia le enyesaron una de sus piernas y permaneció postrada durante un año. Debido a esto Rosa quedó con una pierna coja, cuestión que marcaría su vida. A los 16 años comenzó a militar en un grupo llamado “Proletariat”, una organización clandestina en Polonia que luchaba por el socialismo. Sus papás deseaban casarla, pero consiguió convencerlos de dejarla estudiar e ingresa a estudiar Zoología.

Ya en Suiza, Rosa conoció a Leo Jogiches con quien mantuvo una relación por más de quince años. Leo le aconsejó abandonar la carrera de Zoología y así, Rosa comenzó a estudiar Economía, Filosofía y Derecho. En 1897 defendió su tesis y se doctoró en Ciencias Políticas. Luego se trasladó a Berlín donde ya siendo parte del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) conoció a algunos de sus principales referentes: Bebel, Kausky, Liebknecht, entre otros.

Entre la militancia, el amor y la escritura pasó sus días una de las más importantes referentes del marxismo. Y es que no necesariamente uno debe compartir sus postulados teóricos o políticos para reconocer la importancia de una mujer que a inicios del siglo XX fue capaz de hacerse paso entre todos los hombres y debatir con ellos como iguales para defender la liberación de toda la humanidad.

Este libro nos muestra que mientras se escribía Reforma o Revolución o Introducción a la economía política, había una mujer llena de preguntas e intensidad que desbordaba en sus cartas amorosas a sus compañeros y amigos en distintas épocas: Leo Jogiches, Konstantin Zetkin, Paul Levi y Hans Diefenbach. Todos ellos jugaron un papel fundamental en la vida de Rosa, quien claramente fue una mujer exigente en todos los aspectos de su vida, y eso incluía a sus parejas, como le escribe a Leo en 1898: “Diodzio ¡deberías estar siempre leyendo algún libro serio, porque no tendré ningún idiota por marido! En cuanto al artículo sobre Bernstein, te escribo en la carta siguiente. Un besito en tu boquita. Tu esposa”, y es que no debió ser fácil para cualquier hombre acercarse a una mujer que no callaba lo que pensaba.

Pero además de las relaciones románticas que muestra la correspondencia, también encontramos una vida difícil, como para cualquier marxista militante comprometido con la liberación de las y los trabajadores, donde la profunda pena por la muerte de su madre marcó un capitulo fundamental en su vida. La soledad fue un continuo fantasma con el que siempre lucho, más aún en la cárcel, pero también en sus días de libertad donde entre las giras a congresos, las horas de trabajo militante y teórico, no siempre dieron espacio para vivir una vida “común y corriente”, pero ahí estaba su gata Mimi que fue una fiel compañera durante sus días (a la cual Lenin la definió como una “gata majestuosa”).

De la misma forma encontramos otros cuestionamientos como la posibilidad de querer y tener hijos, su cojera que muchas veces fue causa de grandes frustraciones y la falta de dinero, que recorren los escritos de Rosa y la acercan al lector con problemas que lidiamos en nuestra vida cotidiana o en algún punto de ella.

Por otra parte, también expresa las dificultades de ser una militante mujer, donde muchas veces se ve cuestionada, hasta el punto de no dejarla publicar con su nombre en el diario partidario. Pero que no fueron inconvenientes suficientes para que se volviera una de sus más importantes figuras. Junto a su compañera y amiga Clara Zetkin (y por un periodo suegra) mostraron que no había impedimento suficiente para callar a las mujeres comunistas.

Al mismo tiempo se observa cómo vivió intensamente sus relaciones con sus compañeros, y es triste también leer como nadie escapa a la violencia machista en ninguna época. En el caso de Rosa uno de ellos no aceptó el fin de la relación y ella debió enfrentarse a un hombre que la amenazó, cosa que menciona en más de una epístola: “Ayer Leo estuvo aquí y es evidente que quiere acompañarme en mi viaje para, en caso de encontrarte, dispararte y luego suicidarse. ¿Puedo hacer el viaje bajo estas circunstancias? Aquí no puedo escapar de él”.

Rosa Luxemburgo, 1906. En el espejo se ve a Konstantin Zetkin, hijo de Clara Zetkin. Fuente: FB Matías Villa Juica.
Rosa Luxemburgo, 1906. En el espejo se ve a Konstantin Zetkin, hijo de Clara Zetkin. Fuente: FB Matías Villa Juica.
Rosa Luxemburgo, 1906. En el espejo se ve a Konstantin Zetkin, hijo de Clara Zetkin. Fuente: FB Matías Villa Juica.

A pesar de estos conflictos, estos compañeros también fueron importantes aportes a su obra, ya que no eran solo compañeros sentimentales, sino también parte activa en la labor de opinar y criticar sus escritos. Compartiendo lecturas sobre economía, historia, arte y estética, Rosa muestra lo multifacética que era, y al mismo tiempo da cuenta de que no hay límites claros entre la reflexión teórica y el amor. Así es como transita desde una clara posición política: “Pero no te pierdas demasiado en la Gran Revolución, Niuniu. No olvides que en realidad lo importante es la acción de la clase trabajadora”, a una declaración de desamor: “si ya no me amas, dímelo de forma abierta, en tan solo tres palabras. Ciertamente no te diré el más mínimo reproche”.

Entonces, una de las preguntas relevante que propone esta compilación a mi parecer es sí: ¿hay alguna línea entre la militancia y el amor? Y si algo queda claro en las cartas de Rosa es que no hay una separación entre el amor, la militancia y la reflexión constante. Acaso una “relación dialéctica” podrían decir algunos, pero lo importante es el reconocer que no hay un espacio que se separe de otro en la vida de una persona, que el compromiso para con los cambios radicales en la sociedad va acompañado de sacrificio, de dificultades y de gran entrega en todos los ámbitos.

Esta correspondencia sentimental da cuenta de varios aspectos que muestran la complejidad de esos “héroes/heroínas rojos” como lo es Rosa, dejando entrever sus conflictos personales, políticos, las contradicciones, y también la cotidianidad del día a día y sus propias inseguridades, y eso lo hace un libro que está lleno de empatía, por que estas figuras que entregaron importantes aportes teóricos y políticos, también estaban llenos de dudas y contradicciones como cualquier ser humano.

El 5 de marzo se cumplieron 151 años del nacimiento de Rosa y el 8 del mismo mes también se conmemora el Día de la Mujer Trabajadora propuesto por su íntima amiga Clara Zetkin en 1910. Ambas fechas deben ser un punto de reflexión para cuestionarnos el rol que tuvieron y tienen hoy las mujeres en la política, de los avances que se han conseguido, pero también de todo lo que falta.

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Javiera Adones es profesora, magíster en Historia y militante feminista.


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