[RESEÑA] – ¿Por qué escribimos las mujeres? A propósito de «Un cuarto propio» de Virginia Woolf

Por Paulina Bermúdez Valdebenito

Históricamente a las niñas se les regala su “primer diario de vida”, porque se piensa que las niñas son más calladas o introvertidas, como una cosa muy asociada al género. Y es cosa de mirar el mercado, los Diarios siempre son rosados, con brillitos y diseños pensados en atraer un público principalmente femenino, no existen los Diarios para niños. Pero si nos ponemos a pensar bien, también se hace referencia a la poca capacidad para expresarse de forma verbal, que se nos atribuye a nosotras las mujeres. Y acá me quiero detener, en esta interrogante sobre ¿Por qué escribimos las mujeres?

Y me pregunto esto porque sobre los procesos creativos se ha escrito un sin fin, y creo, sin equivocarme, que la mayoría de los textos que teorizan en torno a los procesos escriturales, han sido preponderantemente escritos hombres. A quienes los visita una musa y como por arte de magia llega la inspiración. Yo me pregunto, nosotras las mujeres, ¿tendremos ese tiempo para encontrar la inspiración siquiera?

Cuando en 1928 se encomienda a Virginia Woolf realizar una conferencia sobre las mujeres y la literatura, se le pide que teorice sobre qué significaba escribir o de qué forma se desarrolla la labor de la escritura. Comenzó a pensar y llegó a la conclusión de que, para poder escribir las mujeres, principalmente, necesitamos dinero y un espacio, una habitación a la que le llamó “el cuarto propio”. Virginia, intentando llegar a esa respuesta, llega a la conclusión de que es mucho más importante que la mujer cuente con este cuarto propio para poder realizar esa labor. Y este cuarto propio no solo se refiere a un espacio físico sino también a ese espacio dentro de la agenda. Entonces llego a estas interrogantes:

¿Cómo una mujer que debe ser madre, esposa, hija, trabajadora logra darse o hacerse ese tiempo para poder escribir?

Un cuarto propio de Virginia Woolf, representa una acusación al machismo imperante en el mundo literario. Cuando se publica este discurso, en 1929, Virginia Woolf ya era una escritora consagrada, por lo que es representativo del momento y un texto tremendamente contingente. Las mujeres seguimos teniendo que sortear muchísimas situaciones para poder escribir.

En 1993 Marguerite Duras publica Escribir y es básicamente una poética y a la vez un llamado de atención, acá se hace esta pregunta ¿Qué es escribir sino callar? Escribir también es no hablar, es aullar sin ruido. Y es en este libro en donde Marguerite Duras reflexiona sobre la labor del escritor, sobre lo que significa escribir y llega a la conclusión de que escribir es un poco estar solo. Y acá irremediablemente vuelvo a este espacio, este cuarto propio del que habla la autora anterior, porque me parece que representa un privilegio al que no todas y todos pueden acceder.

Para poder escribir bajo estos preceptos necesitamos algo más que un espacio, necesitamos también dinero, pagar cuentas, vivir y comer por lo que el acto, solo el acto de escribir vendría a ser un lujo.

Hoy en día existe también la idea de que la escritura no es un trabajo sino más bien, es un hobby o una actividad que se realiza con el fin de entretenerse y más bien emparentada con el ocio. Y claramente no es algo que nos de mucho dinero, por lo que necesitamos de algún otro trabajo para poder subsistir.

Sobre esto escribió Emily Gould el año pasado en Dentro del bosque, donde se adentra un poco a hablar sobre la precarización de esta labor. Lo mal pagada que es la labor de escritor, ya que la mayoría debe realizar muchísimas otras labores como corregir, escribir artículos en revistas, dar clases charlas o cátedras, todo esto si realizas trabajo independiente; hay quienes tienen un poco más de suerte y son contratados por alguna universidad pero no se dedican 100% escribir y los hay también, contados con los dedos de las manos, quienes viven de sus libros, pero esos son excepciones a la regla.

Y ni siquiera estamos hablando de forma genérica porque si volvemos a las interrogantes anteriores, las mujeres históricamente debemos realizar muchísimas labores como lo son la maternidad, el trabajo, la familia antes de dedicarse de lleno a la escritura. Entonces ¿las mujeres pueden darse ese momento de exclusividad para dedicarse a escribir?

Un cuarto propio de Virginia Woolf, representa una acusación al machismo y se ha convertido en un texto que trasciende a la labor netamente escritural. Es una bandera de lucha que pone sobre la palestra las diferencias que existen en el mundo por el solo hecho de ser mujeres, las diferencias en torno al acceso y a las posibilidades de acceder a un mismo trabajo o en este caso a los mismos privilegios.

Para nosotras La Musa es el silencio, es el espacio para escribir, es el cuarto propio, el dinero ganado, el poder que da realizar una actividad que no solamente se hace por dinero, sino que también se hace por reivindicar él solo acto de hablar, de decir, que por años las mujeres tuvimos negado. Porque como dice la autora chilena Pía Barros estuvimos tanto tiempo calladas que ahora no nos callan más.

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Paulina Bermúdez Valdebenito es escritora especializada en minificción e imparte talleres de lectura y escritura para adultes, jóvenes y niñes. Puedes conocer más de su trabajo en el instagram @pauli_bermudez_valdebenito


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