[RESEÑA] – Releyendo a «El Padrino», Mario Puzo, 1969

Por Pablo Letelier Marinovich

Fue a instancias del podcast La Cosa Nostra que volví a interesarme por El Padrino, bajo la provocación de que el objeto de la novela y las películas no sería la Mafia, sino que el fenómeno del poder. Comencé viendo de nuevo las tres películas para luego releer la novela. La había leído cuando tenía 16 o 17 años, sin capacidades de captar con claridad el mensaje de la obra, y si bien siempre me gustó, es diferente volver a leerla luego de tener mayor madurez política y académica. En estas líneas me refiero tanto al libro como a las películas I y II, pues, aunque existan ciertas diferencias en la ejecución y los marcos temporales, me parece que son buenas representaciones de la novela.

El Padrino, publicada por Mario Puzo en 1969 y llevada al cine en 1972, narra la historia de la familia italo-norteamericana Corleone, formada a partir del matrimonio entre Vito y Carmella a comienzos del siglo XX. En esencia, la historia de la familia es la historia de cómo Vito construyó y sostuvo un sólido feudo en los Estados Unidos, combinando las actividades legales con las ilegales. Tras la fachada de una importadora de aceites de oliva, la familia logró ascender desde las filas de la clase trabajadora y codearse con la burguesía norteamericana. Así mismo, es la historia de cómo Michael, el hijo menor, se convirtió en el nuevo jerarca de la familia al fallecer su padre, con el objetivo de mantener y expandir lo construido. Entre los demás personajes que son parte de la trama podemos encontrar presidentes y dictadores, empresarios, parlamentarios, curas, artistas de cine, prostitutas y, obviamente, otros mafiosos.

Para entrar en el tema es necesario decir que sí, que la obra de Puzo se trata del poder y no de la Mafia. La caracterización minuciosa que el autor realiza sobre sus personajes da cuenta de ello, en tanto existen quienes (como Vito o Michael) tienen una voluntad férrea y no se sienten por debajo de ninguna ley que no sea la propia, y por tanto, su naturaleza no es bajar la cabeza ante las circunstancias y la adversidad sino que transformarlas. Así mismo, están los personajes (como Hagen o Sonny) que son co-elaboradores y ejecutores de los planes del Don y le son leales, pero no tienen a su haber todas las virtudes de su jefe, pues tienen inteligencia o audacia, pero no ambas juntas. Así mismo, existe una lista larga de personajes (Kay Adams, Jonny Fontane o Fredo) que no tienen las aptitudes para ser partícipes de la empresa, ni en la elaboración ni en el despliegue, y por tanto, su único rol es el de ser leales y estar prestos a cumplir sin cuestionamientos la voluntad del Don, y la traición les cuesta cara siempre. En su arquitectura interna, la Familia Corleone representa de una manera ultra vertical aquello que es el hecho sobre el que se erige la política y la lucha por el poder: que existen dirigentes y dirigidos, representantes y representados.

En la misma línea, otra cuestión clave es el tratamiento de la política como un arte que implica un proyecto, estrategia y táctica. Vito y Michael son plenamente conscientes siempre de sus objetivos, buscan los mejores caminos para realizarlos, pero se cuidan bastante de no dejar desnudos sus verdaderos planes hasta que llega el momento de ejecutarlos. En un acto de genialidad, Vito ordena a su ejército no vengar la muerte de Sonny y pacta la paz con sus adversarios, dando a entender que jamás hará nada al respecto mientras sea él mismo el Don, sin siquiera dejar la sospecha de que sería Michael, una vez preparado para dirigir a la Familia, el encargado de llevar a cabo la venganza de la familia cuando el enemigo estuviese con la guardia baja. La maniobra de corto plazo está siempre enlazada a un movimiento de largo plazo, a un destino muy demarcado, y en muchos momentos, el simple silencio o aparentar debilidad es la mejor de las opciones. Personas como Vito y Michael son plenamente conscientes de su destino, pero siempre lo son también de su poder real y el de los demás, distinguen las fortalezas y debilidades de cada parte. Tienen voluntad e inteligencia.

De la misma manera, es interesante el cómo Vito, además de asesinar al temido Fanucci con sus propias manos, comprende la debilidad de su poder y ocupa la lección para construir su propio Imperio. El poder de Fanucci estaba sustentado únicamente en la coacción, en su capacidad de ofrecer una golpiza cuando se bloqueaba su voluntad, además cuando este no amenazaba no le obedecían y no tenía siempre la capacidad de aplicar el castigo correspondiente a la falta. Vito saca lecciones y comprende la relevancia de la legitimidad. Su Imperio no puede estar sustentado en el castigo, sino que en los favores y en la amistad. Es deseable que sus súbditos no solo le teman, sino que también le quieran. Así mismo, comprende que cuando es necesario el castigo, la mano ha de caer con todo su peso, sin cobardía. Vito es, para sus súbditos y enemigos, el llamado “centauro maquiavélico”, la humanidad y la bestialidad, la civilización y la barbarie.

Sin miedo de exagerar, probablemente El Padrino sea lo más parecido que tenemos en nuestra época a El Príncipe de Nicolás Maquiavelo. En alguna parte Antonio Gramsci escribió que El Príncipe había sido una de las obras con el mayor contenido democratizador en la historia de la humanidad, pues ponía al lector al corriente de cómo funcionaba realmente la política, en tanto ponía al centro que se trataba del poder, y no de la virtud y las creencias religiosas; de esa manera, escrita, Maquiavelo entregaba a las masas populares de su época, a los oprimidos y explotados, una guía para entender su mundo y para transformarlo. Por lo mismo, el libro continúa siendo escandaloso y el “maquiavelismo” es sinónimo de hipocresía o cinismo, a quienes tienen poder les es molesto que estén escritos los asuntos que se saben y se aplican, pero no se dicen. ¿Habrá sido la intención de Puzo la misma que de Maquiavelo? No podemos saberlo ahora, pero ciertamente El Padrino toca las mismas teclas que El Príncipe, y generó el mismo efecto político, la admiración de las masas populares y la indignación de las instituciones aludidas. Para los personeros del Estado Norteamericano no fue bonito verse a sí mismos pactando con la Mafia, y el mismo Frank Sinatra encaró a Puzo por sus semejanzas con Jonny Fontane.

Ahora bien, nos parece que hay otro asunto del que se trata El Padrino que no es muy reconocida por los analistas, ¡ni siquiera por La Cosa Nostra! Esto es el contexto en que el autor analiza el fenómeno del poder: el orden capitalista. El pretexto de la obra es la Mafia, sí, pero Puzo no escatima esfuerzos en explicar cuál es la función de la Mafia en la totalidad del orden social. La mejor entrada para este tema es la bella tragedia de la Familia Corleone, que tiene como aspiración llegar a ser una empresa completamente “legítima” o respetable, dejar atrás las pistolas y las extorsiones en la medida que sea posible, y consolidar una iniciativa capitalista en regla. Mientras más quieren alejarse de las triquiñuelas de los bajos fondos, mientras más “arriba” ascienden y tocan, más necesarias se hacen las maniobras que recubre la Omerta (ley del silencio). A partir de esta tragedia Puzo nos ilustra su verdad: los actores e instituciones que se relacionan con la Familia operan bajo lógicas muy similares, ya sean las demás Familias de la Mafia, el Estado norteamericano, o el Vaticano. La distinción entre política (los asuntos estatales) y sociedad civil (la economía, las instituciones no-estatales) se esfuma, pues la lucha por el poder brutal envuelve a la totalidad de la sociedad y sus actividades. La esencia de Vito es transversal, en el mundo que habita, a todas las manos que tienen poder en la sociedad. En gran medida, es por ello que Vito no aparece ante nuestros ojos como un simple monstruo, su existencia tiene sentido y coherencia, celebramos las balas que encaja a Fantucci y lloramos con él el deceso de su hijo mayor. La empatía con el personaje viene de allí.

En palabras de Puzo, la Mafia es el brazo extra-institucional del partido del orden o de los verdaderos poderosos. La Mafia realiza el trabajo sucio de quienes no pueden hacerlo con sus propias manos de manera visible. La Mafia controla los sindicatos y los mantiene libres de comunistas a cambio de tener un nervio para golpear en caso de ser necesario, permite inhibir las tomas de tierra en Italia por parte del campesinado, saca a la delincuencia común de las calles y tiene intereses en países subordinados al imperialismo, como Cuba con Fulgencio Batista. En alguna medida, la Mafia no es más que un archipiélago de capitalistas en desventaja frente a otros más grandes, inclusive, es el pasado de las grandes burguesías. De allí, las Familias “ilegitimas” con las “legitimas” son completamente interdependientes, la Mafia necesita tanto del Estado norteamericano como este necesita de la Mafia.

En ese sentido, cabe destacar dos escenas que no están hechas en vano. El director de cine Woltz no se espanta solo de la cabeza de caballo que Vito ha puesto en sus sabanas, sino que también porque supone el poder de los matones italianos que le amenazaban era muy menor al de sus amigos de la Casa Blanca y el Estado, que le tenían en alta estima por su ferviente propaganda anticomunista. Se sentía muy seguro por ello y se aterra cuando descubre que había soslayado la posibilidad de que sus “amigos” tuvieran aun en más alta estima a Vito; solo así podría explicarse que Vito fuese capaz de decapitar a su caballo y no temer las represalias de la justicia, la policía y los políticos. Lo espantoso no era solo la cabeza de Khartoum, también lo era el comprender que no podría vengarse y que tendría que rendirse ante la voluntad de Vito.

En otra memorable escena, Michael reprocha a Kay su falta de entendimiento respecto a la naturaleza de la Familia Corleone:

“—Mi padre no es diferente a cualquier hombre poderoso. Es un hombre responsable de otros, igual que un senador o un presidente.

—¿Como puedes ser tan ingenuo?

—¿Porqué?

—Lo senadores y los presidentes no matan a nadie.

—¿Quién es el ingenuo, Kay?”

En suma, cabe precisar que El Padrino se trata del poder, pero no de cualquier tipo del poder, sino del poder en la sociedad capitalista, y esa es una cuestión que merece atención, pues el autor no deja de resaltarlo. Del comprender la obra a comprender que no hay orden natural alguno en ningún ámbito del orden político y social hay pocos pasos; no es natural la riqueza y la pobreza, tampoco lo son la guerra y la paz. Seguramente sería excesivo señalar que la obra de Puzo es anticapitalista, socialista o algo por el estilo, pero no puede encubrirse que el autor comprende bastante bien su entorno y en muchos pasajes se entre lee la crítica. Es necesario dar relevancia al hecho de que, en el comienzo de la tragedia de la Familia Corleone, Puzo nos introduce, con Balzac, en el conocimiento de que “detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen”.

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Pablo Letelier Marinovich es licenciado y magister en Historia. También es parte del equipo de Librería En el Blanco


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